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Watch & Think | 17/08/2017 | 8:05 pm
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El poder de las palabras

La palabra y el lenguaje han sido vistos por muchas culturas antiguas como algo divino e inexplicable que nos fue regalado a los hombres; en la Biblia, el Evangelio de San Juan dice que al principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios; para los brahmanes, la palabra habí­a habitado los cielos desde el principio, y sólo en parte habí­a sido revelada a los hombres; según la tradición de los murui, en el Amazonas, la palabra (que además es sinónimo de poder en su idioma) es otorgada a los hombres por el Padre Creador en los comienzos de la existencia.

No es de extrañar que, en la brujería y los hechizos, así­ como las oraciones de sanación y exorcismo, se basen en palabras. Todos los conjuros malignos no eran, o son, más que una serie de palabras que surtí­an efecto para dañar a alguien. Actualmente muchas personas siguen creyendo que rezar y bendecir cambia el rumbo de nuestro destino. El poder de las palabras

El lenguaje se define como una capacidad del hombre y como un objeto social necesario e imprescindible para la comunicación: es gracias a la lengua que la realidad y todo lo que percibimos puede ser nombrado y reproducido; todo lo que decimos pasa por el filtro de nuestra mente, de nuestros valores, sensaciones y de todo lo que somos para, después, poder salir otra vez a la realidad en forma de lenguaje. Para que este mensaje pueda entenderse, necesitamos estar en un sistema que sea colectivo, por eso es que el lenguaje es también una convención social: algo que todos acordamos tácitamente que vamos a usar para poder conocer al otro- y a nosotros-. El poder de las palabras

Además de estas cuestiones que parecen innatas y sociales, existen más perspectivas desde donde darle un acercamiento al lenguaje: la política y el poder. Sabemos que, a lo largo de la historia, la lengua ha sido un recurso para la conquista de territorios, quienes tienen el poder son los que definen la lengua, esto es una manera en que las viejas tradiciones, las leyes, las creencias y demás cuestiones culturales se quedan sin significante (es decir, sin una palabra para nombrarlas) y, poco a poco, se van perdiendo. Cuando las tradiciones y la cultura se debilitan, es menos probable que haya razones por las que luchar contra el conquistador, a este fenómeno se le conoce como cultura del silencio. Además, el conocimiento se transmite por medio de la lengua, y si se tiene el control de esta, se controla la información, a la vez de que sin información hay ignorancia, y un pueblo ignorante es más fácil de manipular. El poder de las palabras

A menor escala, podemos observar el poder de la palabra en las sentencias de los juicios; alguien con una autoridad mayor decreta como culpable o inocente a otra persona, y esa palabra, esa sentencia, define el futuro de la vida del otro. Más cotidiano, podemos observar lo que se conoce como introyectos, que son las palabras e ideas externas que llegan a nosotros cuando somos niños, dichas por nuestros padres, maestros, amigos, etc., y que no nos permiten generar una identidad propia, confundiéndonos de lo que somos o no somos.

Y no sólo es de estas maneras como el lenguaje influye un poder en nosotros, es algo de todos los dí­as: cuando la persona que nos gusta, nuestra pareja o alguien nos manda un mensaje de buenos dí­as, puede cambiar nuestra energí­a, lo mismo que si alguien nos manda un mensaje de odio o de rencor. El poder de las palabras

Un ejemplo muy extremo y sonado de cómo los mensajes y la comunicación con los nuestros es una manera de cambiar la vida, es el caso de Michelle Carter, a quien declararon culpable de homicidio involuntario por diferentes cuestiones: incitar a su novio al suicidio, no hacer nada para impedirlo y no notificar ni a las autoridades ni a sus padres sobre sus intenciones. Las tres acciones son cuestiones verbales, o sea que con unas pocas palabras hubiera podido salvar la vida de su novio y, con eso, evitar años y años de prisión. ¿Qué pasaría si se nos pudiera juzgar por las cosas que hemos -o no- dicho? Este juicio crea precedentes para futuras investigaciones en las que las únicas armas son nuestras palabras. Es decir, tan sólo por haber escrito no te mates, la vida de Michelle sería diferente. El poder de las palabras

El poder de las palabrasPara nosotros, rituales de todos los días y que hacemos ya hasta inconscientemente, pueden tener un valor más trascendental, como decir “salud” cuando alguien estornuda, que significa desearles bienestar; o cuando damos las “gracias”, que, si lo pensamos, las gracias griegas eran las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad y la fertilidad, es decir, que deseamos que todas estas diosas recompensen a nuestros benefactores. Todas las palabras que decimos tienen algo antes y, por supuesto, algo después.

Cuántas personas podemos llevar por medio de nuestras palabras a infiernos, a callejones sin salida y a tanto dolor; qué tanto afectamos cuando decimos cosas sin pensar, qué tanto sabemos de la sensibilidad y del valor que les dan a nuestras palabras las personas a quienes se las decimos. Y, al contrario, a quiénes hemos podido salvar, dar una nueva mirada a un problema que parecí­a imposible de resolver, a cuántos hemos podido hacer sentir felices de lo que son y de lo que hacen, a cuántos podemos entregarles nuestro amor por medio de la palabra. 

Por eso es tan importante estar siempre atentos, ser cuidadosos con todos los sentidos que pueden tener nuestras palabras y, sobre todo, desarrollar una capacidad de empatía, entender que lo que el otro ha vivido ha sido completamente diferente, y que los referentes que tiene ante nuestras palabras no van a ser los mismos que para nosotros, tratar de abrazar las miradas ajenas y, así­, generar un discurso que sea preciso. El poder de las palabras

¿Qué tanta importancia le das a tus palabras?

Dolores Reyes para Watch&Think

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